Las formas en las que el country impactará en el bosque y la zona

Quieren construir un barrio privado en 52 hectáreas del Bosque Peralta Ramos atravesadas por el Arroyo Corrientes. Falencias, omisiones y falsedades del Estudio de Impacto Ambiental ¿Alguien escuchará a los vecinos?
Noticias de Mar del Plata. Las formas en las que el country impactará en el bosque y la zona

Vecinos nucleados en la organización Guardianes del Bosque y también autoconvocados de los barrios Bosque Peralta Ramos, El Jardín, Alfar, San Jacinto y Playa Serena, el Colegio de Arquitectos distrito 9 y antropólogos del Departamento de Antropología de la UNMDP desarmaron las inexactitudes, falsedades y omisiones del Estudio de Impacto Ambiental para la instalación de un barrio privado en el Bosque Peralta Ramos.

El country conllevaría la fragmentación de la zona, riesgos ambientales como la potenciación de inundaciones, de contaminación para el Arroyo Corrientes y un daño al patrimonio arqueológico, cultural y turístico, entre otras cuestiones.  

Todo eso se desprende de los informes que presentaron en el marco de la consulta pública que abrió la municipalidad y forma parte del proceso para que el proyecto obtenga la declaración de Impacto Ambiental.

El proyecto se llama Lawen o Bosque y Mar. Un barrio privado de 52 hectáreas que se emplazaría en el vértice sur del Bosque Peralta Ramos también denominado quinto loteo por donde pasa el Arroyo Corrientes, delimitado por las calles Los Mapuches, De la Maza, Nuestra Señora De Schoenstatt y Don Arturo. 

Un emprendimiento que contó con el aval del intendente Guillermo Montenegro y la mayoría que ostenta en el Concejo Deliberante y cuya cara visible es Florencia Miconi. La misma empresaria que impulsó otros proyectos como la torre de 35 pisos cuyo Estudio de Impacto Ambiental (EsIA), igual que de Bosque y Mar, también lleva la firma de María Müller, también señalada por ser la pareja del secretario de Obras de la municipalidad.   

Los Vecinos 

Los vecinos pidieron que se declare inviable el proyecto. Advirtieron que la cuenca del arroyo Corrientes tiene una historia de inundaciones con cientos de personas evacuadas y desalojo de familias que habitan en sus inmediaciones. 

Al mismo tiempo, recordaron que según informes de OSSE, la desembocadura del Arroyo Corrientes en plena playa pública forma un cauce fluvial donde se recrean infancias expuestas a las aguas residuales de las Urbanizaciones Cerradas que vuelcan cloacas en su cauce

Bosque y Mar, consideraron, propone un polo de exclusión en el espacio urbano y en la provisión de servicios y equipamiento. Limita el usufructo igualitario de la ciudad y convierte al arroyo Corrientes en un sumidero. Sobre todo, en el extremo sudeste que afecta a urbanizaciones precarias.  

Errores y falsedades

En otra parte del informe, plantearon que en el EsIA hay una serie de errores y falsedades. El estudio afirma no hay impedimentos ambientales porque la zona no está declarada como protegida.  Pero eso “no significa que sea ambientalmente irrelevante, hidrológicamente neutral o jurídicamente apto para urbanizar”.

Otra falsedad que marcaron es que la obra no prevé modificaciones extraordinarias cuando removerán vegetación añosa, suelos, irrumpirán en corredores ecológicos e impactarán sobre la fauna, afectarán el escurrimiento, generarán segregación socioespacial y consolidarán la privatización de áreas. 

Además, es falso que no haya impactos relacionados con la identidad histórica, el patrimonio cultural y la memoria colectiva. Los vecinos enumeraron todas las actividades afectadas: deportistas que entrenan allí, visitas educativas, el grupo scout Ñuncum que lo usa hace diez años, familias que pasean por la zona, caminatas, baños de bosque y actividades de bienestar y atractivo turístico. 

La voz de los arquitectos 

El colegio de Arquitectos, por su parte, indicó que la ordenanza no tiene convalidación provincial y que el propio EsIA deja constancia de que: "se encuentran en trámite las factibilidades técnicas para la provisión de agua, depuración de aguas residuales, gestión hidráulica y acceso vial".

La entrada al barrio es por calles con baja circulación y sin asfaltar como Mangoré y Los Mapuches. En una etapa de construcción se generarían muchos problemas de logística, ingreso de maquinarias y camiones, ambulancias y eventos de emergencia. Además, el predio está ubicado fuera de una vía de acceso segura. 

En el EsIA figura una distancia al arroyo de solo quince metros. El colegio pidió la revisión de este punto. “La Autoridad del Agua (A.D.A.) requiere entre 30 y 50 metros dependiendo de la cuenca, como retiro mínimo, incluyendo la circulación pública por tratarse de un bien común”.

El estudio sostiene que no se alterará la función del arroyo ni de otros desagües naturales. Sin embargo, el colegio advirtió que “estudios locales han demostrado que la expansión urbana sobre cuencas y humedales, ha aumentado la vulnerabilidad a inundaciones, por lo cual la hipótesis de impacto cero exige pruebas que el EsiA no aporta”.

Daño al patrimonio 

Al mismo tiempo, el Estudio de Impacto Ambiental, niega la existencia de valor arqueológico y paleontológico. No obstante, el arroyo se encuentra a solo 600 metros del sitio arqueológico Alfar. 

“Observamos que las excavaciones necesarias para llevar a cabo el proyecto en cuestión, tienen potencial daño al patrimonio natural, paleontológico y cultural”, expresaron y agregaron que “este sector se encontraría dentro del rango de protección”. 

Igual que los vecinos, el Colegio, se detuvo en el tema inundaciones porque la construcción implica la impermeabilización de terreno drenante en los márgenes del arroyo y así favorece la “escorrentía superficial y propicia inundaciones”.

El EsIA no tiene en cuenta los impactos de los numerosos barrios cerrados implantados en su entorno cercano, muchos de los cuales también vierten desechos al arroyo corrientes. 

Fragmentación y desigualdad 

El colegio guardó un capítulo para la fragmentación urbana y social. Los servicios dentro de los barrios cerrados como asfalto, equipamiento, iluminación, mantenimiento y espacios comunes “contrasta fuertemente con la precariedad de los barrios linderos, donde predominan calles de tierra, ausencia de espacios verdes públicos y recreativos, arbolado escaso, iluminación deficiente y problemas recurrentes de residuos y microbasurales”. A ello suman las desigualdades en cuanto a la seguridad, las redes eléctricas, de gas natural, de agua corriente y sistemas cloacales. 

Tras aclarar que en la parcela no existe suelo ocioso, sino una estrategia de especulación inmobiliaria en favor del desarrollador, sostuvieron: “Nos preocupa cómo se aprueban y derogan ordenanzas o decretos en forma expres” y mencionaron la ordenanza 26147 de noviembre de 2023, donde se elimina la distancia mínima de un kilómetro y medio (1,5km) que podía haber entre otros barrios cerrados.

Hallazgos y paisajes cultural

Los arqueólogos Diana Mazzanti, Guido Cordero y Joan M. Portos, aclararon que en los arroyos Corrientes y Las Brusquitas hubo doce hallazgos y que no es verdad lo que se afirma en el EsIA acerca de que “no se han relevado evidencias de patrimonio arqueológico vinculado a culturas originarias”. 

En ese sentido, manifestaron que las investigaciones sistemáticas en el área han demostrado que el litoral marítimo y las márgenes de los arroyos locales presentan una alta densidad de registro arqueológico. El sitio Alfar ha sido datado con 5700 años de antigüedad y se ha recuperado Tecnología Lítica y también Restos Faunísticos.  

En un apartado aclararon que, desde la antropología, el bosque se constituye como un paisaje cultural: una construcción social donde la naturaleza y la actividad humana son inseparables.

Los especialistas también observaron que el barrio cerrado se haría en uno de los sectores que “mejor conserva la fisonomía de bosque sin urbanizar. Actúa como una `zona testigo` que sostiene el imaginario y la mística de la comunidad”. Allí se ha configurado un “habitus residencial y turístico caracterizado por la baja densidad, el paisaje forestal, la apertura visual y la integración comunitaria”. 

Un barrio privado con su lógica de exclusividad y fragmentación altera el ethos comunitario, modifica este estilo de vida, fractura la identidad del barrio y transforma un hito turístico de acceso público en un enclave privado. El bosque “es un emblema de Mar del Plata. Su valor no reside solo en los árboles, sino en su carácter de paisaje cultural” dijeron y añadieron: “Es el corazón de la identidad de la zona Sur”. 

Luego consideraron que la construcción generaría un "acceso privilegiado" a la naturaleza “para un sector social de alto poder adquisitivo”. Así transformaría un bien común en un “activo inmobiliario privado”. Y se produciría “una fragmentación del tejido social de Bosque Peralta Ramos, Alfar y San Jacinto, creando una "isla" de riqueza frente a barrios con carencias de infraestructura, lo que profundiza la segregación residencial”.

En síntesis, los antropólogos concluyeron que el EsIA “carece de validez científica y técnica desde las ciencias sociales en general, y de la antropología en particular porque Ignora antecedentes científicos sobre la ocupación milenaria del Arroyo Corrientes, desconoce el valor patrimonial material e inmaterial del Bosque, aplica marcos teóricos y metodológicos obsoletos que fragmentan el ambiente y la cultura y desconoce los reales y potenciales impactos en los barrios circundantes al no realizar un estudio profundo y sistemático”.


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