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Las mujeres jamás iban a sospechar que las fotos que compartían en redes sociales estaban en la página web pornográfica Erome y en Telegram. Mucho menos que algunas estaban intervenidas con IA para “desnudarlas”. Pero un hombre, que se hacía llamar Matías y nunca dio su verdadera identidad, contactó a una de ellas por Instagram y se lo contó.

La mujer se dio cuenta que además estaban los nombres, la nacionalidad y otros datos personales y que había varias mujeres a las que conocía. Matías siguió interactuando con el hombre que había subido las imágenes y figuraba bajo un perfil llamado CoverHerup, consiguió hacer una video llamada con él y la grabó.

Por “el cuerpo, la voz, la forma”, dijo M, una de las mujeres, y porque estaba en la oficina donde trabaja, en la empresa que tiene el padre, lo reconocieron.

El hombre tiene 34 años y era amigo, ex novio o compañero de escuela de, por lo menos, once mujeres a las cuales les robó imágenes. También había subido fotos de muchas otras a las que ellas no conocían y hasta de chicas a las que les tomaba fotos o videos en lugares públicos como la playa o la costa.

M contó que hicieron capturas de pantalla de todo lo que pudieron antes que las borrara y se dieron cuenta que había creado un perfil con su novia actual y que ofrecía tributos. Una práctica que funciona así: se contactaba con otros hombres para que se masturbaran arriba de la foto de su ex novia, su amiga o compañera.  No está del todo claro si en el medio, además, había algún tipo de transacción económica y en ocasiones “lo hacían al mismo tiempo, lo grababan y lo subían”.

Mientras tanto, el hombre les daba datos de las mujeres. Ellas mismas vieron como en uno de los videos le hablaba a otro hombre en inglés y le contaba el vínculo que mantenía con ellas y las describía.

La web funciona como una red social donde se puede interactuar. “Por ejemplo: él veía un video pornográfico de otro usuario y decía ¿esto se lo podés hacer a mi mejor amiga? En la web, figuraba que con su novia hacían tributos por dinero”, dijo M.

Al mismo tiempo, CoverHerup tenía un canal de Telegram donde también difundía el perfil de Instagram, información privada y las fotos de las mujeres y cualquier persona que lo contactara le podía pedir el “tributo”.

Denuncias rechazadas

M sostuvo que este hombre actuaba como una buena persona, buena pareja, gran amigo. Era vegano y activista por los derechos de los animales. Sin embargo, las “trataba como a una cosa, nos vendía, nos ultrajaba, les daba datos nuestros a degenerados de la ciudad y de diferentes partes del mundo”.

Las mujeres lo denunciaron. Pero la justicia rechazó diez denuncias y solo una quedó en pie porque no existe legislación penal          que aborde este tipo de violencia. El grupo de mujeres está pidiendo a las fiscalías que revean las denuncias que en algunos casos fueron desestimadas en menos de 24 horas. “Es un camino muy hostil que nos hace tener presente esto cada día”, dijo M.

Sin embargo, quieren que se empiece a hablar de violencia digital, que quede un precedente “para que dentro de poco haya una ley que lo contemple y proteja a las víctimas”.

Por ahora, el hombre goza de tanta impunidad que algunas de ellas hasta lo han encontrado por la calle mientras las víctimas sufren una especie de obsesión y se conectan y chequean que no haya imágenes suyas en páginas de contenido para adultos.

Ni siquiera pueden dar su nombre porque, como para la justicia no hay delito, el hombre podría denunciarlas a ellas. Dos están con tratamiento psiquiátrico y una todavía no ha podido regresar a su trabajo por los ataques de pánico.

Alerta constante

Las mujeres tienen un grupo de contención y emitieron un comunicado conjunto en el que señalaron que se sabe poco de este tipo de violencia y la describieron como “una forma de abuso que abarca el acoso y la vulneración de la intimidad a través de internet, dispositivos tecnológicos y/o redes sociales”.

A su vez, impacta en la vida de las víctimas. “Se traduce en un estado de alerta constante, inseguridad, ansiedad, impotencia y temor frente a una justicia que no está a la altura de los nuevos y cada vez más recurrentes actos de violencia realizados hacia las mujeres”.

Como no hay investigación ni proceso se le resta “importancia al efecto directo sobre la vida real”, escribieron y agregaron que sería muy relevante que se discuta sobre las consecuencias y el daño que se ocasiona. “Es importante entender que hoy en día la identidad digital coexiste con la identidad física de cada individuo”.

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