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La próxima campaña agrícola se proyecta bajo un escenario climático que obliga a extremar la planificación. Frente al pronóstico de un año “Súper Niño”, técnicos de INTA y CREA analizaron los resultados de campañas anteriores para identificar qué decisiones pueden marcar la diferencia en los cultivos de gruesa.

El encuentro se desarrolló en Marcos Juárez, Córdoba, durante una nueva edición de la Jornada de Actualización Técnica (JAT) sobre soja y maíz, organizada por CREA Sur de Santa Fe y el INTA Marcos Juárez.

La premisa que atravesó las distintas exposiciones fue clara: ante una campaña con mayores probabilidades de exceso hídrico, anticiparse resulta determinante. Medir la profundidad de las napas, conocer las características de cada ambiente, definir correctamente la fecha de siembra y ajustar la nutrición aparecen entre las principales herramientas para reducir riesgos.

La información histórica como herramienta para decidir

El ingeniero agrónomo Adrián Rovea, asesor CREA de Teodelina y Ascensión, presentó una base histórica de la región sur de Santa Fe construida a partir de 40 años de información.

Los registros permiten comparar ambientes, campañas climáticas y manejos agronómicos para encontrar situaciones similares a las que podrían presentarse durante la próxima campaña.

Ese conocimiento acumulado adquiere especial importancia ante un escenario de exceso de agua. La información histórica permite evaluar qué ocurrió en campañas con características semejantes y utilizar esos antecedentes para definir estrategias de manejo.

En ese contexto, variables como fecha de siembra, fertilización, profundidad de napa y características del ambiente cobran una importancia mayor.

Maíz: nutrición y ambiente, dos factores centrales

Uno de los puntos destacados durante la jornada fue el manejo nutricional del maíz. Federico Pagnan, de la AER INTA Justiniano Posse, explicó que los resultados de la campaña anterior mostraron la importancia de ajustar la nutrición según el ambiente.

La demanda de nitrógeno está relacionada con el rendimiento que se pretende alcanzar en cada lote. Para establecer esas necesidades, los especialistas plantearon el uso de herramientas como muestreos en grilla y mapas de nutrientes.

Los resultados productivos de la campaña fueron particularmente destacados. En la zona, el rendimiento promedio de los materiales evaluados alcanzó valores récord para la red, con híbridos que promediaron alrededor de 14.500 kilos por hectárea.

La experiencia dejó así una conclusión relevante: los altos rendimientos no dependen exclusivamente de la elección del híbrido, sino de la combinación entre genética, ambiente, disponibilidad de nutrientes y manejo.

Enfermedades: el exceso de humedad puede acelerar los problemas

El escenario climático previsto también genera preocupación por el comportamiento sanitario del maíz.

Enrique Alberione, investigador de la EEA INTA Marcos Juárez, señaló la presencia en la región de roya común, tizón, mancha blanca, carbón común y carbón de la panoja.

Varias de estas enfermedades encuentran condiciones favorables cuando existe abundante humedad y temperaturas medias a elevadas. Por eso, ante un año caracterizado por mayores precipitaciones, existe la posibilidad de un establecimiento temprano de enfermedades.

La mancha blanca representa además un desafío particular, ya que se encuentra asociada principalmente con fechas de siembra tardías, aunque las condiciones de elevada humedad también pueden favorecer su aparición.

Genética, monitoreo y nutrición

El manejo sanitario requiere combinar distintas herramientas. Entre ellas aparecen la resistencia genética, los tratamientos químicos cuando resulten necesarios y una adecuada nutrición.

El estado nutricional del cultivo también puede influir sobre su capacidad para enfrentar situaciones de estrés sanitario. Por eso, el manejo preventivo vuelve a ocupar un lugar central.

Soja: una campaña excepcional y nuevos desafíos

En soja, los especialistas también partieron de una campaña con resultados extraordinarios.

Gabriel Magnabosco, asesor CREA María Teresa, explicó que se combinaron distintas variables favorables, entre ellas mejores variedades, precipitaciones adecuadas y condiciones de luminosidad.

La región del sur de Santa Fe cuenta con alrededor de 155.000 hectáreas de soja en evaluación durante esta campaña.

Uno de los aspectos destacados fue el comportamiento de la genética. Si bien existen nuevas variedades disponibles, los productores suelen necesitar al menos un par de campañas para probarlas antes de incorporarlas de manera generalizada.

El desafío, según el especialista, es avanzar hacia un manejo cada vez más específico. A diferencia de situaciones anteriores, cuando determinadas prácticas podían aplicarse de manera relativamente uniforme, alcanzar altos potenciales de rendimiento requiere un enfoque más artesanal y adaptado a cada ambiente.

Nuevas variedades y tecnología para controlar malezas

Cristian Ángel Vissani, coordinador nacional de la Red de Evaluación de Cultivares de Soja (RECSO) del INTA Marcos Juárez, presentó resultados de ensayos realizados junto con CREA.

La RECSO trabaja con empresas en microparcelas para generar información sobre genética y rendimiento, mientras que la red CREA realiza ensayos en franjas para caracterizar los materiales y medir su comportamiento productivo.

Entre las tendencias observadas aparece un recambio de cultivares, con una creciente adopción de variedades que incorporan tecnología Enlist.

Esta tecnología constituye una herramienta importante dentro de las estrategias disponibles para el manejo de malezas, mientras las nuevas variedades buscan conservar un elevado potencial de rendimiento.

Para la próxima campaña, el ajuste de genética, grupo de madurez y fecha de siembra será especialmente relevante.

Napas: el dato que conviene conocer antes de sembrar

Uno de los principales mensajes de la jornada estuvo relacionado con el agua acumulada en los perfiles.

Ante un escenario de “Súper Niño”, Rovea recomendó comenzar por una medición que puede resultar decisiva: conocer la profundidad actual de las napas.

La razón es sencilla. Si el perfil ya se encuentra cargado y la napa está próxima a la superficie, nuevas precipitaciones pueden incrementar el riesgo de encharcamiento.

En esas condiciones puede producirse anoxia, es decir, una reducción extrema o ausencia de oxígeno en el suelo. Las raíces y los microorganismos necesitan oxígeno para desarrollar sus procesos normales, por lo que un suelo saturado puede transformarse rápidamente en un ambiente desfavorable para el cultivo.

Por eso, donde exista un riesgo elevado de anegamiento, la recomendación es adoptar un planteo agrícola defensivo, priorizando decisiones que reduzcan la exposición a pérdidas.

Fecha de siembra: una decisión que gana peso

Con perfiles que ya presentan una importante carga de agua, los especialistas observan una tendencia hacia las siembras tempranas.

Sin embargo, adelantar la fecha no constituye una receta universal. La decisión debe contemplar el ambiente, las condiciones del suelo, la profundidad de la napa, el pronóstico y el comportamiento esperado de cada material.

Una vez definida la fecha de implantación, también resulta necesario ajustar el esquema de fertilización.

En maíz temprano, los técnicos plantearon estrategias que contemplan fósforo, azufre y zinc, además del ajuste de nitrógeno según el potencial productivo de cada ambiente.

También se destacó que no todos los híbridos tienen la misma capacidad de compensación frente a condiciones adversas. La flexibilidad de la genética puede convertirse así en un atributo relevante para enfrentar una campaña con alta variabilidad hídrica.

Menos orugas, pero mayor atención sobre las chinches

El comportamiento de las plagas también está cambiando.

Emilia Balbi, investigadora de la EEA INTA Marcos Juárez, explicó que durante los últimos años se observó una transición: mientras disminuyó la presión de orugas, aumentó la presencia de chinches en soja.

La diferencia es importante porque las chinches atacan directamente el grano y pueden generar pérdidas de rendimiento. Además, cuentan con menos enemigos naturales que muchas especies de orugas.

Monitorear antes de aplicar

Una de las principales recomendaciones consiste en fortalecer el monitoreo temprano.

El objetivo es evitar que la presencia de chinches sea detectada cuando el daño ya está avanzado y reducir la necesidad de aplicaciones reiteradas.

Los especialistas disponen de umbrales de intervención desarrollados a partir de años de investigación. Estos valores varían según la especie y el estado del cultivo.

Entre las especies de mayor importancia se encuentra la chinche de la alfalfa (Piezodorus guildinii), debido a su capacidad de afectar directamente el grano.

Los umbrales mencionados durante la jornada van desde aproximadamente 0,6 individuos por metro en determinadas etapas hasta alrededor de 1,7 individuos por metro cuando el cultivo se encuentra más avanzado y la potencialidad de daño disminuye.

Polinización en soja: un factor que empieza a ganar protagonismo

Otro de los temas abordados fue la polinización de la soja, un aspecto que durante mucho tiempo recibió menor atención en los planteos productivos.

Pablo Cavigliasso, investigador de la EEA INTA Marcos Juárez, explicó que tradicionalmente se consideró a la soja como una especie principalmente autógama. Sin embargo, diferentes investigaciones comenzaron a mostrar que las condiciones ambientales pueden modificar su comportamiento reproductivo.

La temperatura influye, entre otros factores, sobre la apertura de las flores. En escenarios de mayor temperatura, la presencia de polinizadores podría adquirir una relevancia creciente.

Los investigadores están evaluando lotes con y sin polinizadores para determinar cuánto puede modificarse el rendimiento bajo distintas condiciones.

Colmenas como estrategia de polinización

Una de las alternativas analizadas es la instalación de colmenas mediante acuerdos con apicultores.

La propuesta contempla un servicio de polinización de precisión, con protocolos específicos para el cultivo y presencia de las colmenas durante el período reproductivo, especialmente entre R1 y R4.

De acuerdo con los resultados presentados durante la jornada, en condiciones favorables esta estrategia puede generar incrementos importantes del rendimiento. Los investigadores mencionaron mejoras que, según el ambiente y el manejo, pueden ubicarse aproximadamente entre 10% y 27-30%, con potenciales superiores en situaciones óptimas.

Se trata, no obstante, de una línea de investigación que continúa en evaluación y cuyos resultados dependen de las condiciones particulares de cada lote.

Qué mirar antes de definir la próxima campaña

El análisis conjunto de las experiencias de INTA y CREA deja una serie de prioridades para los productores frente al escenario previsto.

Primero, conocer el agua disponible y la profundidad de las napas. La situación hídrica actual puede definir qué ambientes tienen mayor riesgo de anegamiento.

Segundo, ajustar la fecha de siembra al ambiente. La decisión debe considerar las condiciones del perfil y las características de cada cultivo y material.

Tercero, trabajar la nutrición de manera diferencial. El potencial de rendimiento y la disponibilidad de nutrientes no son iguales en todos los sectores de un lote.

Cuarto, seleccionar genética con criterio. Híbridos y variedades pueden responder de manera diferente ante excesos de agua, enfermedades y cambios en la fecha de implantación.

Quinto, reforzar el monitoreo sanitario. La humedad puede favorecer el desarrollo temprano de enfermedades en maíz, mientras que el cambio en el escenario de plagas exige prestar mayor atención a las chinches en soja.

Finalmente, la información generada por ensayos y redes de evaluación permite reducir la incertidumbre. En una campaña que podría estar marcada por el exceso hídrico, conocer qué ocurrió en ambientes y años similares puede ser tan importante como mirar el pronóstico.

Un escenario que exige planificación antes de sembrar

La principal conclusión de la jornada es que un eventual “Súper Niño” no debería abordarse únicamente como un problema de exceso de precipitaciones. También representa un escenario que obliga a revisar decisiones agronómicas antes de ingresar al lote.

El estado de las napas, la capacidad de drenaje, la fecha de siembra, la nutrición, la genética y el monitoreo de plagas y enfermedades forman parte de una misma estrategia.

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