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La semana pasada tuvo lugar en Mar del Plata la reunión distrital del programa Jóvenes y Memoria que organiza la Comisión Provincial de la Memoria (CPM). Participaron más de 70 alumnos de escuelas de la ciudad y la zona en aulas de la facultad de Humanidades de la Universidad Nacional.

Una de las talleristas, Angi Tevez, precisó que los grupos que trabajaron en talleres pertenecen a unos veinte colegios locales, de Batán, Otamendi y barrios como Santa Elena del partido de Mar Chiquita.  

Todos desarrollan proyectos diferentes. “Acá se vinculan y conocen otras realidades”, indicó y agregó que, entre las temáticas, hablaron sobre “los trapitos y la patrulla municipal, la portación de rostro o que la policía pueda parar o pegarle a alguien por creer que es un pibe chorro y hay un caso particular: los 25 años del crimen de Natalia Melman. Entonces surge la violencia de género”.

El programa lleva más de dos décadas y, según el coordinador de la CPM, Marcelo García, hacen reuniones en cincuenta distritos de la provincia. “Es un primer momento en el que los pibes dejan de trabajar exclusivamente con su grupo y se vienen a juntar con otros y otras que están con investigaciones diferentes”. Cada uno expone su problemática, el tema que están abordando y les proponen una dinámica de trabajo para que haya un intercambio.

La violencia actual

Maite Bourg Cirelli es estudiante universitaria y forma parte del programa como tallerista. También participó de la iniciativa cuando era alumna del colegio Amuyen durante el año 2022. 

Bourg coordinó uno de los talleres y contó que se vio reflejado el tema de la violencia que se da a través de las redes: las amenazas de tiroteo, los tiroteos que ocurrieron, las peleas en escuelas. “En la facultad hubo una amenaza de bomba”, recordó y continuó: “Se están dando muchas situaciones de violencia y eso nos preocupa”.

El objetivo era trabajar con esos temas. “¿Qué sienten los chicos alrededor de esta violencia? ¿Cómo piensan que se da y cómo piensan que hay que trabajar y se puede salir de esta situación? ¿Cuál es el rol de los adultos? ¿Qué se puede hacer?”, fueron algunas de las preguntas que disparó el taller.

Abuelos desaparecidos

En su época de estudiante secundaria, Bourg integró un grupo que desarrolló un trabajo sobre el contraste entre la educación en dictadura y la actual. Por eso, entrevistaron a su padre, que era estudiante en la década del 70 y, además, hijo de desaparecidos. “Había cosas que ya sabía pero las pude ordenar de otra manera”, dijo Bourg.

Los abuelos eran Juan Raúl Bourg y Alicia Rodríguez. Tenían cinco hijos de entre 2 y 9 años y vivían en una quinta en el barrio Las Canteras cerca del camino viejo a Miramar. Militaban en el Partido Comunista Marxista Leninista (PCML). “Eran muy solidarios. Cada vez que alguien iba a la quinta pidiendo ayuda ponían un plato más, agregaban una cama, y mucha gente sobrevivió por haber encontrado refugio allí”.

En 1977, la dictadura desplegó una ola de secuestros en todo el país a la que llamaron “operativo Escoba” que tenía como destino exterminar al PCML. En simultáneo, secuestraron a más de 250 militantes en todo el país. Entre ellos se encontraban Bourg y Rodríguez.

Más tarde, a través de los juicios de lesa humanidad pudieron reconstruir que al abuelo lo llevaron a la Base Naval con un primo político a quien luego liberaron porque estaba haciendo la colimba. También que en 1979 aún vivía en un Centro Clandestino de Detención en Chubut y ahí se pierde el rastro.

A la abuela la llevaron con la excusa de que tenía que corroborar el testimonio del marido, le dijeron que preparara una muda de ropa, que regresaría al día siguiente. “Jamás la volvieron a ver. Por cómo se fio el operativo, se supone que estuvo en la base pero no hay prueba física. Son conclusiones que se han sacado judicialmente”. 

La impronta de los chicos

El profesor de Historia Mauro Ferrari trabaja con el programa hace 21 años y destacó que funciona como un taller. “Trabajas con un grupo de modo circular y las palabras, las propuestas y los debates circulan. El proyecto es de ellos y van saliendo puntas y discusiones. No hay un programa si no que la temática sobre derechos humanos o violencia institucional les interesa y, a partir de ahí, se empieza a construir colectivamente”. 

Las temáticas que surgen son diversas: situaciones de encierro o educación en contextos de encierro, gatillo fácil, militancia política de los 70 (hace dos años trabajaron con mujeres que fueron montoneras) y el año pasado abordaron  Malvinas desde la perspectiva critica a la dictadura por el genocidio y la extensión del genocidio con la victimización de los pibes que fueron a la guerra que “no eran militares, eran civiles haciendo el servicio militar que es otra cosa”.

“Los chicos siempre ponen su propia impronta sin perder de vista el marco de la crítica a la violación de los derechos humanos”, dijo.

El cierre ya no es en Chapadmalal

García lamentó que el encuentro de cierre ya no se puede realizar en Chapadmalal donde tuvo lugar durante más de veinte años. “A partir de 2025 el gobierno ya no los dejó utilizarlo. Es una pena porque a muchos pibes y pibas, además de venir a contar su experiencia, les permitía conocer el mar”. 

En la última edición el cierre se hizo, para el sur bonaerense, en un complejo de Camet y para el resto y mayor parte en un predio municipal en Punta Lara, Ensenada. Este año se repetiría la experiencia de ese predio. “Van representantes de los grupos porque entra menos gente y también se reducen las noches que se quedan”, explicó.

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