Monseñor Mestre inauguró la casa Libertad y misericordia

El obispo de Mar del Plata, monseñor Gabriel Mestre, presidió la Eucaristía en la nueva casa Libertad y misericordia a cargo de la pastoral penitenciaria y la pastoral de drogadependencia, en el barrio Termas de Huincó de Mar del Plata.
Monseñor Mestre inauguró la casa Libertad y misericordia en General Pueyrredon. Noticia de Región Mar del Plata

Con la presencia del obispo de Mar del Plata, monseñor Gabriel Mestre, se inauguró el domingo 8 de abril la casa «Libertad y misericordia», un lugar que pretende continuar con el trabajo que la pastoral penitenciaria realiza en las cárceles, brindando recepción y acompañamiento a los que recuperan la libertad para que puedan insertarse, en ámbitos educativos, laborales, socioculturales, recreativos y en las comunidades de fe.
La casa se encuentra en el barrio Termas de Huincó, de Mar del Plata, y está a cargo de la pastoral penitenciaria y la pastoral de drogadependencia. En su primera fase, será un centro de día con diferentes actividades para acompañar a los que se vuelven a insertar en la sociedad y sus familiares y también habrá actividades para la tercera edad.
La misa de inauguración fue concelebrada por el presbítero Hernán David, asesor de la pastoral carcelaria y penitenciaria, y se hicieron presentes la hermana Helena Kuc, delegada para la pastoral carcelaria, gran cantidad de voluntarios que tiene la pastoral y representantes de otras pastorales caritativas, movimientos, amigos, y religiosos como las hermanas Siervas del Espíritu Santo, la hermana Marta, del Centro Integral comunitario Virgen de Luján, las Misioneras de la Caridad, entre otros.
“En esta Eucaristía, en este lugar tan sacramental, en este día tan bello que nos regaló el Señor y en este domingo tan particular donde la fuerza de la Pascua explota nuevamente, en un sentido positivo, y en este domingo de la misericordia tenemos la alegría de inaugurar esta casa de manera oficial”, dijo el obispo en su homilía.
En referencia al Evangelio, llamó a hacer dos movimientos: Por un lado, “abrirnos a la misericordia de Dios, no ponerle límites al perdón de Dios. Como dice el papa Francisco, dejémonos ‘misericordiar’. Presentale tu pecado, tu falta, tu fragilidad, tus oscuridades, para que el Señor sea para vos y tu familia, auténtica misericordia”, y en segundo lugar, “si nos abrimos en serio a la misericordia de Dios, nosotros tenemos que ser misericordia para el hermano. Somos instrumentos de Dios, en cuanto bautizados, tenemos que ser el rostro de la misericordia de Dios”.
“Qué lindo queridos hermanos si redescubrimos que por la fuerza de Dios, nosotros tenemos que ser misericordia para los hermanos y así compartir lo poco o mucho que tenemos, que somos, personal o comunitariamente”, afirmó.