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El gobierno de Javier Milei no cumple con la ley de financiamiento universitario y esta semana hubo protestas en todo el país a las que se sumó el CONICET y otros organismos de ciencia y técnica como el INTI y el INTA. 

Con una bandera que decía “Sin ciencia no hay futuro”, los trabajadores denunciaron que hace diez meses el gobierno incumple la ley y ya se han perdido 6400 puestos laborales.

Región Mar del Plata dialogó con Vera Alvarez, directora del CONICET en la ciudad, que se refirió a lo que significa para el desarrollo, la industria y a la producción este desfinanciamiento, la fuga de talentos que trae aparejado, la renuncia a la generación de empleo de calidad y la pérdida de los trabajadores y la economía.   

La ciencia y la tecnología no son un sector aislado o un privilegio académico. “Desatender al sistema científico no es simplemente recortar un presupuesto: es renunciar al desarrollo propio, a la innovación local y a la autonomía socioeconómica”.

 “Es el cimiento sobre el cual se construye el futuro de una nación”, expresó y agregó: “Defender la ciencia pública, sostener la inversión estratégica y garantizar condiciones dignas para nuestros talentos no es solo defender el trabajo de la comunidad científica; es, fundamentalmente, defender el derecho de nuestro pueblo a tener un futuro con más oportunidades, más trabajo calificado y mejor calidad de vida”.

En cuanto al incumplimiento del gobierno de la ley de Financiamiento del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, indicó que no es un “debate abstracto o teórico” sino que “en Mar del Plata se traduce en parálisis y retroceso directo en la calidad de vida de los vecinos”.

Mar del Plata, describió, alberga uno de los polos científico-tecnológicos más dinámicos del país. Cuenta con institutos que trabajan “en la solución de problemas concretos de la ciudad y la región: desde el desarrollo de tecnologías para la industria pesquera, la agricultura sustentable y la salud, hasta la conservación del medio ambiente marino y costero”.

Alvarez explicó que si la ley no se cumple, quedan desfinanciados proyectos de infraestructura y equipamiento de última generación indispensables para sostener la calidad del trabajo. Se frenan o cancelan becas y proyectos de transferencia tecnológica destinados a pymes locales. Se vulnera la continuidad institucional y la previsibilidad que es imprescindible para mantener alianzas de largo plazo con el sector productivo local.

Pierden los trabajadores y la economía 

La pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores “no tiene precedentes”. El grupo en el que Alvarez mencionó a investigadores, profesionales, técnicos y personal de gestión y a los becarios tuvo los salarios congelados frente a una inflación constante.

Al mismo tiempo, se trata de dinero que ingresa a la ciudad, se consume y circula en la economía local. “Alquileres, comercio de cercanía, servicios. La caída de esos ingresos paraliza la economía de la ciudad”.

La fuga

La situación ya genera un exilio. “Observamos con profunda preocupación una fuga de cerebros que ya está en marcha”, dijo y agregó que “a la Argentina y a Mar del Plata les lleva más de una década formar a un/a doctor/a o a un/a investigador/a altamente especializado/a mediante la universidad pública y el sistema de becas”.

Ante la falta de presupuesto, la incertidumbre en las convocatorias de ingresos a la Carrera del Investigador (CIC) y salarios que no cubren las necesidades básicas, “muchos jóvenes talentos —e incluso investigadores/as consolidados/as— están aceptando ofertas en el exterior o migrando al sector privado”.

La científica que además es titular del Instituto de Investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales (INTEMA), dijo que esas pérdidas son dolorosas a nivel personal y social. Además, “representan un vaciamiento de soberanía científica y un costo económico altísimo para el Estado, que invierte años en formar capacidades que luego aprovechan otros países”.

Ni gasto ni lujo

¿Por qué creen que las políticas actuales atacan tanto al desarrollo científico? “Responde a una mirada cortoplacista e ideológica del rol del Estado que reduce el gasto público a un simple cálculo contable, sin ponderar la inversión en conocimiento como un motor de desarrollo”, explicó.

En el mismo sentido, señaló que la premisa de que la ciencia es un "gasto prescindible" o un lujo de países ricos es falsa. La evidencia histórica y económica demuestra lo contrario: “Los países no invierten en ciencia porque son ricos, son ricos e independientes porque invirtieron sostenidamente en ciencia, tecnología e innovación. Desmantelar o deslegitimar el sistema científico nacional responde a la falta de una visión estratégica de país productivo, soberano e industrializado”.

Las potencias económicas mundiales (tanto las consolidadas en Norteamérica y Europa, como las economías emergentes de Asia y América Latina) invierten un porcentaje creciente de su PBI en I+D (Investigación y Desarrollo): “Países como Israel, Corea del Sur, Estados Unidos o Alemania destinan entre el 3 y más del 5% de su PBI a la ciencia, combinando esfuerzo público y privado”.

“Protegen la ciencia básica como bien público: Entienden que sin ciencia básica no hay aplicaciones ni tecnología posterior”, sostuvo y añadió: “Utilizan la ciencia como estrategia de soberanía: La biotecnología, las energías renovables, la soberanía alimentaria, la ciencia de datos y la salud son tratadas como cuestiones de seguridad nacional y desarrollo estratégico”.

“Atraen y retienen talento: Generan condiciones salariales, de equipamiento y de estabilidad para competir activamente por el talento global, sabiendo que la economía del siglo XXI es, por definición, la economía del conocimiento”, enumeró.

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