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Una experiencia conjunta entre la Universidad Nacional de Mar del Plata y la Escuela de Educación Secundaria Agraria San José de Balcarce demostró cómo la ciencia aplicada puede transformarse en una herramienta concreta para mejorar la producción hortícola y fortalecer la formación educativa.

La iniciativa integró a estudiantes secundarios y universitarios en un trabajo de investigación enfocado en el uso de bioinsumos para optimizar el desarrollo de cultivos de lechuga en condiciones productivas locales.

El proyecto se centró en evaluar el efecto de microorganismos promotores del crecimiento vegetal, una alternativa sustentable que gana terreno frente a los modelos tradicionales de fertilización.

Cómo funcionó el ensayo con biofertilizantes

El estudio analizó la combinación de la bacteria Pseudomonas sp. LSR1 junto a un biofertilizante comercial aplicado sobre semillas inoculadas y cultivadas en condiciones controladas.

Mejores resultados productivos

De acuerdo con el informe, las plantas tratadas presentaron mejoras significativas respecto a los grupos de control.

Entre los principales resultados se destacaron:

  1. Mayor altura promedio de las plantas
  2. Incremento del peso fresco
  3. Aumento de la biomasa total
  4. Mejor hidratación de los tejidos vegetales

Los investigadores señalaron que las plantas tratadas alcanzaron incrementos cercanos al 50% en peso promedio frente a los cultivos no tratados.

Además, observaron un menor porcentaje de materia seca, un indicador asociado a una mejor disponibilidad hídrica y nutricional.

“Si bien el contenido de materia seca fue levemente menor, esto se asocia a tejidos más hidratados, típicos de cultivos con buen estado nutricional y disponibilidad hídrica”, explicaron en el informe.

Producción sustentable y menor impacto ambiental

El proyecto también puso el foco en la necesidad de impulsar prácticas agrícolas más sustentables.

Los bioinsumos representan una alternativa que busca reducir el uso intensivo de productos químicos, mejorar la eficiencia productiva y disminuir el impacto ambiental en la horticultura.

Un modelo con potencial para productores locales

La experiencia realizada en Balcarce abre la puerta a nuevas aplicaciones en producciones regionales, especialmente en contextos donde los costos de fertilización y las exigencias ambientales obligan a buscar soluciones más eficientes.

Los responsables del ensayo remarcaron que este tipo de herramientas biológicas podrían convertirse en un recurso estratégico para mejorar la competitividad del sector hortícola.

Formación con problemáticas reales

El trabajo interdisciplinario permitió acercar a los alumnos a experiencias concretas vinculadas con la producción agropecuaria local.

Según destacaron los responsables, la articulación entre distintos niveles educativos favorece una formación más integral y orientada a resolver desafíos reales del sector productivo.

“Este enfoque permitió transformar una práctica experimental en una experiencia de aprendizaje significativo, directamente vinculada con la realidad productiva local”, concluyeron.


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