Tandil, reconocido por sus paisajes y rincones encantadores, invita a los visitantes a experimentar un verano económico y mágico en el balneario de María Ignacia Vela y los encantos de Gardey.
El balneario de María Ignacia Vela se erige como la única y exclusiva propuesta natural habilitada en Tandil, ofreciendo a los visitantes la oportunidad de sumergirse en aguas que serpentean entre las piedras y desembocan en un amplio piletón. Lo sorprendente es que este rincón de ensueño permite la acampada sin costo alguno, brindando a los aventureros la posibilidad de estar en contacto absoluto con la naturaleza.
Ubicado a tan solo 11 kilómetros de Tandil, viniendo por la ruta 226 hacia Azul, el balneario se despliega majestuosamente ante los visitantes. También se puede acceder a través de la ruta N°74, a 50 km de Tandil. Un secreto bien guardado, este mágico rincón en el camino que une María Ignacia Vela con Gardey, a 50 kilómetros de Tandil, ofrece una experiencia única en la que la energía del lugar se fusiona con la tranquilidad de campos verdes y la música natural del agua corriendo sobre las piedras.
El balneario cuenta con áreas de descanso rodeadas de altos árboles, parrillas, mesas pintorescas y un gran parque verde con juegos para los más pequeños. Cruzar la tranquera que separa la calle de tierra del balneario es adentrarse en un mundo diferente, donde la naturaleza y la serenidad reinan.
Aunque el balneario es la joya turística de Vela, a solo 9 km se encuentran otros sitios destacados, como el museo histórico y de ciencias naturales "Doctor Aurelio de Lusarreta", que reconstruye la historia del pueblo. Los amantes de la gastronomía pueden deleitarse en la parrilla Shire en Belgrano y Avellaneda o disfrutar de una cerveza y pizza en La Vera Pizza Velense, ubicada en el Centro Social Velense.
En el corazón de Vela, El Prado Español ofrece un complejo con dos piletas, una para adultos y otra para niños, con entrada gratuita de martes a domingo de 14 a 19 horas. Para los amantes del mate, la panadería La Estrella Argentina, en San Martín y Mitre, con más de 70 años de historia, es un imperdible con sus galletas y panificaciones cocinadas en un horno a leña centenario.
Un capítulo especial en la vida de los habitantes de Vela es la famosa Serenata que se celebra cada 31 de diciembre. Marcelo Acacio, vecino vélense, comenta: "Se trata de una fiesta que nos caracteriza, vamos casa por casa, cantando, bailando, y el dueño de cada hogar nos regala una sidra, un vino o un abrazo y le cantamos un chamamé o una cumbia. Se arranca a la 1 de la mañana hasta el otro día a las 9, hasta que las velas no ardan".
Para quienes buscan alojamiento o explorar más de la ruralidad, el pueblo vecino de Gardey, a unos 15 km por calle de tierra, ofrece opciones como el Histórico Almacén Vulcano con deliciosas empanadas y la posibilidad de alojarse en casas container. Además, en la Plaza central, una refrescante pileta pública está abierta a locales y turistas para aliviar el calor de enero.
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