Argentina jamás financió un estudio sobre el impacto sísmico en la fauna

Diego Rodríguez es uno de los científicos que trabajó en el protocolo que deberán cumplir las petroleras que operen en el mar. Aseguró que el impacto se puede minimizar y que los estudios en el Golfo San Jorge carecen de rigor científico. "Hay países extremadamente conservacionistas que no prohíben, regulan".
Argentina jamás financió un estudio sobre el impacto sísmico en la fauna en General Pueyrredon. Noticia de Región Mar del Plata

El doctor en Ciencias Biológicas, Diego Rodríguez, dirige el Grupo de Investigación Biología, ecología y conservación de Mamíferos Marinos de la UNMDP y el CONICET. El grupo trabajó en la elaboración del protocolo que deberán cumplir las petroleras en el Mar Argentino. El documento titulado Protocolo para la implementación del monitoreo de fauna marina en prospecciones sísmicas, aprobado por el gobierno nacional, ya fue publicado en el boletín oficial.

En diálogo con Región Mar del Plata, el científico se refirió a la exploración petrolera en el mar. "En Argentina no hay ningún estudio que indique cuál es el impacto. Todo lo que se pueda decir es de experiencia en otros lugares".

"El estado argentino jamás financió un solo estudio para ver cuál es el impacto sísmico en la fauna. La realidad es que nunca a mí nadie me dio un día de buque para salir a ver qué animales hay en las áreas donde se va a hacer exploración sísmica", sostuvo.

Rodríguez indicó que el sonido tiene un impacto. "Uno de los grupos en que más se ha trabajado son los mamíferos marinos porque son animales muy sonoros. En general este sonido les impide escuchar los sonidos naturales. Todas las actividades en el mar producen lo mismo. Esta es mucho más potente y concentrada".

"Por eso hay protocolos que indican cómo responder en el momento en que ese buque está haciendo su exploración sísmica y aparecen animales. En Argentina no había. Entonces a todas las empresas les pedían que hicieran uno y elegían el que les parecía", explicó.

El investigador manifestó que todos los protocolos se basan en lo mismo. "Cuando el barco va navegando y emitiendo sonido se define a su alrededor un área de exclusión. En el momento que un animal entra en esa área debe pararse la emisión de sonido por completo hasta que el animal salga. Luego no se puede empezar con potencia máxima, se hace un inicio gradual y tarda media hora en llegar a la potencia que se tenía".

"¿Cómo sabemos si un animal entra en área?", se preguntó y respondió: "Hay un grupo de observadores -usualmente de dos o tres personas- que miran alrededor del buque y avisan cuando entran animales".

"A esto se agregó el monitoreo acústico pasivo. Un grupo de personas que graban las veinticuatro horas del día con un software particular que les permite identificar cuando un mamífero marino está vocalizando e inmediatamente tiene que parar la emisión de sonido", señaló.

El protocolo argentino
A fines de 2019, el ministerio de Ambiente y el de Energía de la nación convocaron al grupo que dirige Rodríguez para trabajar en un protocolo. Diseñaron uno basado en el IBAMA, la agencia medio ambiental de Brasil. "Es la primera vez que el estado le requiere a sus científicos un protocolo", aclaró.

Rodríguez indicó que eligieron como modelo el de IBAMA porque era más restrictivo y, a su vez, el monitoreo acústico era obligatorio. "El acústico escucha las 24 horas. El visual solo cuando hay luz y con condiciones del mar que lo favorezcan. Si hay muchas olas es prácticamente imposible detectar animales".

El protocolo establece que los buques deberán tener ambos tipos de observadores y un área de exclusión de mil metros. "Las modelaciones que se hacen respecto al sonido, el máximo impacto cae a los cuatrocientos o cuatrocientos cincuenta metros. El sonido se va disipando. Un sonido que se produce acá puede llegar a Sudáfrica pero no con la misma energía".

En general, el trabajo de observación se tercerizaba. El protocolo exige que sea profesional. "Se genera un cuerpo de observadores independientes de las empresas que dependa del ministerio de Ambiente con personas capacitadas en la fauna del mar Argentino".

La norma, además, contempla cómo debe ser el envío de la información. "No sirve de nada que un buque opere noventa días y a los ciento veinte días mande un informe diciendo pasó tal cosa. Porque eso ya pasó. Eso tiene que ser en tiempo casi real".

El observador debe completar planillas y enviarlas casi diariamente. "De esa manera tenes control de lo que pasa. El área está a unos 300 km de Mar del Plata. Si empezas a detectar cosas en la costa como varamientos de animales, tenes que saber dónde está el buque y lo que está pasando porque si tenes que frenar la operación, tenes que saberlo en tiempo real".

¿Entonces están dadas las condiciones para que empiece la exploración? "Yo creo que sí. Son cuestiones que tienen que ver con lo político o con lo ciudadano. Todo depende del control que hagas", respondió Rodríguez.

Las ballenas en el Golfo San Jorge
Grupos ambientales como Greenpeace sostienen que los mamíferos pueden desaparecer del Mar Argentino ante una exploración sísmica. No obstante, Rodríguez observó que Greenpeace se basa en un trabajo que se hizo en el Golfo San Jorge -donde hubo exploración sísmica- que carece de rigor científico.

"Yo me siento en Comodoro Rivadavia -que es lo que ocurrió- miro con prismáticos y veo cuatro ballenas, mañana diez, pasado veinte y al otro día dos. Entonces voy y te digo disminuyeron las ballenas en el golfo San Jorge. ¿Disminuyeron o se corrieron del área donde podía verlas? ¿O se fueron a otra área del golfo? ¿Cuánta superficie del golfo evaluaste? Dos kilómetros cuadrados. Es el 0,00001% del golfo San Jorge".

"El trabajo en el cual se basa Greenpeace es el trabajo de una persona que hizo observaciones de ballenas y un año encontró mucho menos y coincidió con momentos donde hubo adquisición acústica en el golfo San Jorge. Pero también hubo antes y ahí no dicen nada. Entones el hecho que tenga una misma tendencia no significa que haya causa y efecto", detalló.

"No prohíben, regulan"
¿Si tanto se puede minimizar el impacto, por qué hay países que prohíben la explotación offshore? "Son los menos los que prohíben. Hay países extremadamente conservacionistas como Nueva Zelanda, Australia, Canadá, Noruega y ellos no prohíben, regulan. Pero toman las decisiones en base a información. Nuestras decisiones van mucho más por nuestros intereses y nuestro olfato que por la información".

Al ser consultado sobre si hay seguridad de que el impacto pueda llevarse al mínimo, dijo que "por supuesto que hay seguridad pero son cosas que hay que seguir trabajando y hay que estar encima. Son procedimientos muy complejos. Los observadores tienen que estar formados. Hay que aceitar la comunicación entre el buque y las autoridades. Hay que hacer fluido el manejo de la información. Todo eso es organización y dinero".

"Toda actividad produce impacto", continuó y luego advirtió: "En el mundo no tratan de llevarlo a cero sino de minimizar, ver cómo revertirlo y quién es el responsable de revertirlo".

"De los problemas de contaminación del mar, probablemente el menos problemático sea el petróleo. Es un elemento natural que se degrada naturalmente. El máximo problema es el plástico. Los derrames de petróleo han disminuido a escala mundial. Eso no significa que esté bien. Es el riesgo asociado a una actividad", concluyó.